Capítulo 1: Una decisión estratégica, no una regla

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Durante años he escuchado una frase que suele repetirse con bastante facilidad:
«Siempre es mejor negociar que ir a juicio.»

Con los años he aprendido que esa afirmación necesita un matiz importante.

No porque la negociación no sea valiosa. Al contrario. Considero que, siempre que las circunstancias lo permitan, negociar antes de litigar suele ser la mejor forma de abordar un conflicto.
Pero no porque exista una regla que obligue a hacerlo.

Sino porque antes de decidir el camino es necesario comprender el problema completo.
Y ahí comienza realmente mi trabajo.

No todos los conflictos parten en un tribunal

Cuando una persona llega a mi oficina, normalmente trae una preocupación concreta:
Una herencia que no avanza.
Un desacuerdo familiar.
Un conflicto entre socios.
Una deuda.
Un proveedor.
Un acuerdo que dejó de funcionar.

Lo habitual es que la primera pregunta sea:
«¿Tenemos que demandar?»

Mi primera pregunta suele ser otra.
¿Qué necesitas realmente resolver y cuál es hoy tu prioridad?
Porque un juicio no siempre responde a la necesidad más importante de la persona.

La primera decisión no es jurídica

Antes de hablar de demandas, plazos o tribunales, hay algo que me interesa entender.

¿Cuál es la prioridad de esa persona en este momento de su vida?

Hay quienes tienen la energía, el tiempo y la disposición para sostener un juicio que probablemente durará años.

Y hay quienes, aun teniendo un buen caso, simplemente no están en un momento vital donde quieran asumir ese desgaste.

Ninguna de esas decisiones es incorrecta.
Son distintas.

Y la estrategia debe construirse considerando esa realidad.

La negociación también entrega información

Muchas personas creen que una negociación solo sirve cuando termina con un acuerdo.
Yo no lo veo así.

Una negociación bien conducida cumple otra función igual de importante.
Permite comprender el conflicto.

Y muchas veces permite descubrir que el problema real era distinto del que la persona imaginaba al comenzar.

Durante ese proceso es posible identificar cuáles son las verdaderas prioridades de cada parte, conocer mejor a quienes participan, descubrir qué espacios existen para construir acuerdos y detectar aquellos aspectos que probablemente terminarán siendo discutidos en un juicio.

Toda esa información tiene un enorme valor estratégico.
Incluso cuando finalmente sea necesario litigar.

Proteger el patrimonio también significa proteger otros recursos.

Cuando hablo de proteger el patrimonio, no me refiero únicamente al dinero.

Un conflicto también consume tiempo.
Energía.
Atención.
Tranquilidad.
Relaciones.

Hoy los procesos judiciales pueden extenderse durante largos períodos.

Una negociación bien conducida muchas veces permite alcanzar soluciones en algunos meses, con un menor desgaste para todas las personas involucradas.No siempre será posible.

Pero cuando existe esa oportunidad, vale la pena aprovecharla.

Negociar no significa ceder

Este es uno de los mayores mitos.
Negociar no significa renunciar a tus derechos.

Tampoco significa aceptar cualquier propuesta para terminar rápido.

Negociar significa comprender cuáles son los intereses de todas las partes y construir una solución que resulte razonable para quienes deberán convivir con sus consecuencias.

Es un ejercicio de estrategia.
No de debilidad.

Hay conflictos donde la negociación tiene un valor aún mayor

En mi experiencia, existen materias donde esta etapa adquiere una relevancia especial.

Por ejemplo:

  • Herencias y comunidades hereditarias.
  • Acuerdos familiares relacionados con hijos.
  • Conflictos entre socios.
  • Relaciones entre clientes y proveedores.
  • Acuerdos patrimoniales.

 

¿Por qué?

Porque, una vez terminado el conflicto, las personas seguirán teniendo algún tipo de relación.
Muchas veces el conflicto termina, pero la relación continúa.

Y preservar esa relación también forma parte de una buena estrategia.

¿Y cuándo corresponde litigar?

También hay momentos en que la negociación se agota.

Cuando no existe voluntad de diálogo.

Cuando una de las partes actúa de mala fe.

Cuando el conflicto requiere necesariamente la intervención de un tribunal.

En esos casos, litigar deja de ser una alternativa para convertirse en el camino correcto.

Pero llegar a esa decisión después de haber comprendido el conflicto y explorado seriamente las posibilidades de acuerdo permite enfrentar el juicio con mayor claridad y con una estrategia mejor construida.

Mi forma de entender el Derecho

Con los años he llegado a una convicción que hoy define mi forma de ejercer.

Negociar antes de litigar no es una regla. Es una forma de pensar estratégicamente.

Cada conflicto merece ser comprendido antes de decidir cómo resolverlo.

Porque una buena estrategia no consiste únicamente en resolver un conflicto.

Consiste en hacerlo de la forma más conveniente para las personas que deberán vivir con sus consecuencias.

Muchas veces las opciones ya están sobre la mesa. El desafío no es tener más alternativas, sino contar con la claridad necesaria para reconocer cuál de ellas es la más conveniente.

Muchas veces las opciones ya están sobre la mesa. El desafío no es tener más alternativas, sino contar con la claridad necesaria para reconocer cuál de ellas es la más conveniente.

Carla Vera | Abogada Estratégica.

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Soy Carla Vera Tapia

Abogada estratega. Ayudo a destrabar sotuaciones complejas en materia legal y empresarial. Trabajo con personas naturales, sociedades y emprendedores. En este Blog te comparto mi experiencia profesional en temas que rara vez se abordan en redes sociales.

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