Capítulo 3: El Derecho debería ayudar a resolver los conflictos, no a aumentarlos

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Con los años comprendí que las personas no solo necesitan conocer sus derechos. Necesitan encontrar la forma más inteligente y humana de ejercerlos.
Cuando decidí estudiar Derecho tenía trece años.
No elegí esta profesión porque me gustaran los juicios.
Ni porque me atrajera la idea de ganar discusiones.
Lo que me movía era otra cosa.
Sentía una profunda necesidad de proteger a las personas cuando veía que una situación estaba siendo observada desde una sola perspectiva.
Con los años comprendí que eso era precisamente lo que quería hacer: ayudar a encontrar soluciones.
Por eso, cuando comencé a ejercer como abogada litigante, hubo algo que empezó a incomodarme profundamente.

El juicio es una herramienta, no un fin

Durante mis primeros años trabajé principalmente en litigios.
Y aprendí muchísimo.
Litigar forma parte del Derecho y seguirá siendo una herramienta indispensable para resolver muchos conflictos.
Nunca he pensado lo contrario.
Hay casos en que un juicio es necesario y constituye el camino correcto.
Pero también descubrí otra realidad.
Muchas veces el conflicto dejaba de estar en el problema original.
Comenzaba a crecer dentro del propio proceso.

Cuando el proceso se transforma en un ring

Siempre he tenido la sensación de que un litigio puede parecerse a un ring de boxeo.
Una vez que las personas suben a ese ring, sienten que ya no pueden bajarse.
Cada presentación genera una respuesta.
Cada respuesta provoca otra reacción.
Y poco a poco el conflicto comienza a alimentarse de sí mismo.
No porque las personas sean malas.
Sino porque el propio sistema lleva naturalmente a defender posiciones.
A veces aparecen argumentos que poco ayudan a resolver el problema original.
O se incorporan hechos que terminan profundizando el enfrentamiento en lugar de acercar una solución.
Y el conflicto termina creciendo mucho más allá de aquello que lo originó.

Cuando una persona llega a un abogado, ya viene sobrepasada

Con el tiempo comprendí otra cosa.
Las personas no llegan a una consulta jurídica en un momento cualquiera de sus vidas.
Generalmente llegan cuando ya están cansadas.
Preocupadas.
Angustiadas.
Con la sensación de haber intentado resolver el problema por distintos caminos sin conseguirlo.
Entonces siempre me hago la misma pregunta.
¿Tiene sentido ofrecer inmediatamente el camino más duro si todavía existe la posibilidad de construir una solución diferente?
Para mí, muchas veces, la respuesta es no.

El Derecho también debe ofrecer caminos

El Derecho nos entrega herramientas extraordinariamente valiosas.
Pero ninguna herramienta, por sí sola, resuelve un conflicto.
Lo que resuelve un conflicto es la forma en que esas herramientas se utilizan.
Por eso creo que una persona tiene derecho no solo a conocer lo que la ley dice.
También tiene derecho a saber que existen distintas maneras de ejercer esos derechos.
Y que, muchas veces, una negociación bien conducida puede permitir alcanzar una solución jurídicamente válida con un menor costo humano.
No porque el juicio sea una mala herramienta.
Sino porque no siempre es la primera herramienta que conviene utilizar.

El criterio también forma parte del Derecho

Siempre me ha parecido que ejercer esta profesión exige mucho más que conocer las leyes.
Exige criterio.
Porque una solución jurídicamente correcta no siempre es la mejor solución para esa persona en ese momento de su vida.
Cada conflicto ocurre en un contexto distinto.
Cada familia tiene una historia.
Cada empresa enfrenta desafíos diferentes.
Cada persona vive prioridades que solo ella conoce.
Por eso la estrategia nunca debería construirse únicamente desde el expediente.
También debe construirse desde las personas.

Mi forma de ejercer

Con los años descubrí que mi trabajo no consiste en llevar a las personas a juicio.
Tampoco consiste en evitarlo a cualquier costo.
Mi trabajo consiste en ayudarlas a tomar la mejor decisión posible para resolver su conflicto.
Si esa decisión implica negociar, conduzco ese proceso con estrategia.
Si finalmente es necesario litigar, entonces el juicio pasa a ser la herramienta adecuada.
Pero nunca parto por el procedimiento.
Primero intento comprender a la persona.
Porque estoy convencida de que el Derecho cumple mejor su propósito cuando ayuda a resolver conflictos, y no cuando termina aumentándolos.

Negociar antes de litigar no significa evitar un juicio. Significa comprender primero a la persona, su realidad y sus prioridades, para elegir la herramienta jurídica que mejor responda a su conflicto. Porque una buena estrategia no solo busca proteger derechos; también busca proteger el tiempo, la energía y la tranquilidad de quienes deberán vivir con sus consecuencias.

Carla Vera | Abogada Estratégica.

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Soy Carla Vera Tapia

Abogada estratega. Ayudo a destrabar sotuaciones complejas en materia legal y empresarial. Trabajo con personas naturales, sociedades y emprendedores. En este Blog te comparto mi experiencia profesional en temas que rara vez se abordan en redes sociales.

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